Boedo es un barrio lleno de sorpresas. Sobre todo cuando hablamos de comida.
En el cruce de las calles Inclán y avenida Boedo, se encuentran tres esquinas maravillosas: La Tacita Restaurante, La Tacita Pizzería, y La Tacita Heladería.
Hoy empezamos por el restaurante.
Apenas llegas te recibe un mozo sonriente, te ubica y antes de que te des cuenta, ya tenés dos empanaditas fritas de entrada. Son una maravilla.
La carta, llena de platos elaborados, así también como minutas y postres.
Nosotros elegimos un plato para compartir. El bife de chorizo la Tacita.
Nos llego un bife gordito, embebido en la salsa demiglace más rica que comi, cubierto por panceta y rodeado de Miles de papitas noisette.
Una delicia.
La combinación de sabores era genial.
Lo acompañamos con un vino de la casa.
Esa cena quedó para la historia.
Tanto que tuvimos que volver.
La segunda vez que fuimos nos pedimos un matambrito de cerdo que era UN SUEÑO. Blando, tierno, sabroso, cubierto en un montón de muzzarella y jamón.
Un espectáculo.
De postre (si, fuimos valientes) nos pedimos un panqueque de manzanas al rhum tan increible, que todavía me arrepiento de haberme olvidado de sacarle foto.
Es que fue un shock cuando vimos llegar un panqueque gordo cual tortilla, y cuando lo prendieron fuego y una costra de azúcar se derritió. Bueno.
Ni siquiera me alcanzan las palabras.
Es obvio que vamos a volver!! ![]()

