En 1987 el Ayuntamiento de Barcelona compró la escultura sin tener clara su ubicación. Primero, lo colocaron en el Parque de la Ciutadella. Después, llegaron los Juegos Olímpicos del 92 y fue trasladada al Estadio Olímpico Lluís Companys. Una vez acabaron los juegos cambió a la plaza de Blanquerna, en la entrada de los jardines del Baluard.
16 años de recorrido y el gato de Botero no encontraba su lugar, por si fuera poco en 2003 fue trasladado a la Rambla del Raval, donde permanece en la actualidad. ¿Será esta su casa definitiva? 20 años sin cambios parecen sentenciarlo.
El gato de Botero, de bronce, 7 metros de largo, 2 de alto y 2 de ancho, conoce Barcelona mejor que nadie, y se ha convertido en un símbolo histórico de la ciudad y representativo de un maltrecho barrio.


