ITALIA EN 2014, TERCERA PARTE

Venecia es una ciudad fea y hermosa a la vez, fea porque los edificios están descascarados, con el pañete caído, con falta de una buena mano de pintura, las paredes con lamas y hongos, muchos de los callejones y callejuelas oscuras y una muy mala señalización que permita orientarse al peatón en el sinfín de calles estrechas que hay que patear. Es hermosa porque no se parece a ninguna otra ciudad del mundo, tiene más palacios, iglesias, museos, catedrales y sitios de interés turístico por metro cuadrado que cualquier otro lugar del mundo. En las 5 noches que pase en Venecia no me alcanzo el tiempo para verlo todo, los principales museos solamente visite unos cinco, faltándome el museo judío entre otros, de las iglesias solo visite un par de ellas dejando atrás unas 20 más.

Les aconsejo que si van a Venecia se hospeden en los hoteles que están al ala izquierda de la estación de trenes de Santa Sofía, si caminan por esa misma calle van a encontrar una buena cantidad de hoteluchos de 60 a 150 euros, con un minúsculo cuartucho, a veces sin televisión, a veces sin baño dentro, el desayuno un asco como en toda Italia, y siempre 100% seguro sin ascensor, por lo que a subir con la maleta al caco como decimos aquí. La ventaja de hospedarse en esta zona es que es muy animada, tiene tiendas, bares y restaurantes económicos, con platos a precios que rondan los 10 euros, las piedritas y recuerdos con vidrios de Murano son más baratas que del lado del Rialto y San Marcos, y lo mejor, no necesitas cruzar puentes con escaleras y está muy cerca de varias paradas del vaporetto, ventaja esta que le facilita la vida a uno para transportarse por toda la laguna.

La primera visita obligada es la plaza San Marcos, pero si no quieres ir caminando a pie, entonces debes hacerlo por el vaporetto.

El trayecto dura una hora en cualquiera de las dos líneas, la 1 o la 2 desde la estación central, el aparato este va a velocidad de hormiga pero por lo menos evitas la fatiga de ir andando, que caminando también es más o menos una hora. Lo bueno de hacer el trayecto en vaporetto son las vistas de la ciudad y de ambos lados de la isla, vista de la isla de Lado también y de otra islita de la laguna que queda justo enfrente de la plaza San Marcos.
La plaza en sí es un hervidero de gente a toda hora del día, en la noche es solitaria y las vitrinas de las tiendas están ya cerradas, por lo que no se encuentra ningún ambiente. El amplio espacio de la plaza da un ángulo precioso para hacer fotos de toda la plaza, la catedral, el campanario, el museo correr y el palacio Ducal que se encuentra al lado de la catedral.
Para retratar el puente de los suspiros tuvimos que armarnos de absoluta paciencia por el tumulto de turistas que se empujan para hacer lo mismo. Una vez sacadas las 5 docenas de fotos de rigor entramos al palacio Ducal, con la tarjeta de Venecia pass, palacio este que fue residencia y luego prisión, está lleno de obras de arte en sus techos y paredes, la visita dura unas tres horas que disfrutamos en su totalidad, al principio se hace una fila corta pero luego los odiosos turistas se dispersan por las diferentes salas y se tiene la sensación de que se aminora el tumulto.
Al salir del palacio Ducal, visitamos la catedral y luego para terminar el día el museo Correr al otro extremo de la plaza San Marcos. Este museo es la mejor de todas las visitas de la ciudad, son unas cuatro o cinco horas de ver arte por diferentes salas y pisos de los edificios que rodean la plaza. Permiten hacer fotos pero sin flash y sin posar al lado de las estatuas. Que por cierto nos llamaron la atención por eso.

Al terminar del día ya al anochecer, caminamos hasta nuestro hotel guiados por la señalización de la ciudad, la cual es algo rudimentaria, simples trozos de tablas pintados a mano, los que luego algún chistoso cambio la dirección de las flechas, así que mucho cuidado con dejarse confundir porque el que hizo el trabajo de cambiar la dirección de las flechas utilizó pintura del mismo color que el de la señal original, pero con el instinto natural nos dimos cuenta de inmediato de la situación y no nos perdimos.
Una ocasión ya a eso de las 9 de la noche, me paró una pareja de norteamericanos jóvenes y me pregunto si era seguro caminar por esos callejones oscuros y solitarios a lo que yo les respondí que sí, que por lo menos no había leído nada sobre problemas de inseguridad en Venecia.
La visita de la plaza San Marcos y los dos museos y la catedral lleva un día completo, aun así, nosotros volvimos en alguna otra ocasión ya que nuestro itinerario era pautado sin tiempo, lo habíamos planificado así desde el principio para no tener stress con ese tema.
Esa noche cenamos en los alrededores del puente Rialto en un pequeño restaurante de sándwiches que al costo de unos 8 euros por persona nos comimos unos muy sabrosos con jamón serrano y queso más jugo de fruta, lo cual no está mal para ser Venecia.
El dichoso puente Rialto es otra de las mega atracciones de la ciudad, así que incluso de noche también está lleno de gente, hacer un par de fotos nos llevó un tiempo hasta lograr quitar de en medio una turba de japoneses.
Por toda la ciudad y en cada callejón de Venecia se ve lo mismo, las vitrinas venden máscaras de carnaval, pequeñas figuritas de góndolas, miniaturas de aretes y collares hechos de vidrio de la isla de Murano. Ya de esta isla hablaremos más tarde.
La vida nocturna de Venecia es escasa, solo se ven algunos bares por los lados de la estación central y por las escalinatas de los puentes que la circundan. La Razón debe ser la misma que me impide a mi salir por las noches, el cansancio de la caminata de todo el día no te deja con fuerzas para hacer vida nocturna, aun así, claro que hay donde empinar el codo, y los más jóvenes pueden encontrar bares y discotecas donde hacer sus conquistas, pero repito son escasos y están muy zonificados.

Durante las cinco noches que estuvimos en Venecia, vistamos una docena más o menos de museos de los cuales no puedo recordar los nombres de todos, algunos de ellos sin ninguna importancia por su puesto, pero como teníamos que sacar el máximo provecho de la Venecia pass entramos, aclaró que la pass esta solo sirve para entrar a los museos cívicos, es decir, los museos propiedad de la ciudad o del ayuntamiento o del estado como quieran llamarlo, los museos privados, que de hecho son muchísimos no están incluidos en el paquete, así que fíjense bien, por lo menos los más importantes que son el Correr y el Ducal lo están, lo mejor de todo sin filas.
La galería de la academia, otro famoso museo no lo está incluido en esto de la Venecia pass, así que nos lo perdimos por la tacañería de algunos de los miembros del grupo, pero bueno, paciencia señor…
Una mañana soleada decidimos aprovechar al máximo los boletos del vaporetto y decidimos ir a la isla de Lido, lo cual fue una total pérdida de tiempo porque no tiene absolutamente nada importante que mostrar, no vayan se los suplico.
Salimos volando de la Lido esta y fuimos a la isla de Murano. Ahí si hay que joderse, esta pequeña isla consta de unos ocho o diez canales es una maravilla, las casitas a las orillas de los canales están pintadas de colores llamativos, no tiene palacios llamativos, pero su arquitectura sencilla es mucho mejor que la de Venecia, sus callejuelas pintorescas, repletas de kioscos, tiendas de regalos y restaurantes son una maravilla. Tiene numerosos puentes de madera donde se hacen unas fotos preciosas, la navegación por los canales no es necesaria, la isla completa se anda a pie en cuestión de media hora si se tiene prisa, sino que mirando y tirando fotos, se hace todo en hora y media.
Donde sí nos tomamos más tiempo fue en la comida del mediodía a eso de las 2 de la tarde como es costumbre en Europa, pues no abundan tanto los restaurantes y negocios de comidas, aun así los precios son muchísimos mejores que en Venecia, pues con unos diez euros conseguimos un menú de dos platos más bebida que puede ser agua, jugo o una copa de vino.
Hay que tener mucho cuidado, los botes que van a Murano, no tienen la frecuencia de los vaporetos de Venecia, que pasan cada 15 minutos, estos van y vienen de la isla principal y de la Estación Central con una frecuencia de cada hora. Hay que fijarse bien en el horario que publican en la pared de la misma caseta de control de acceso a los botes de transporte. El trayecto dura una hora y algo y lo hace mucho más rápido que el vaporetto.
En resumen, encantado de ir a Murano.

Ya se habían cumplido nuestras cinco noches en el hotel de Venecia, cuando decidimos quedarnos una noche adicional, pues simplemente queríamos ir a la ciudad de Padua, la que se encuentra a sólo media hora de Venecia en tren, y según es sabido tiene algunos atractivos que ver.
En ese orden, el hotel no tenía habitaciones disponibles y tuvimos que salir a patear por la ciudad con la maletas al hombro y el pesado sube y baja de escaleras hasta llegar a la animada calle de la estación de trenes de Santa Sofía a mano izquierda, donde fuimos preguntando hotel por hotel si tenían habitación disponible para una noche sin aparente resultado, hasta que llegamos a la placita de San Gregorio, donde encontramos un hostal del mismo nombre con habitaciones al módico precio de 80 euros por noche, eso sí, sin desayuno, sin tv, sin teléfono, solo cama, dos mesitas minúsculas de noche, un súper minúsculo escritorio y aire acondicionado, pero nos sentíamos contentos de permanecer una noche más en esta hermosa ciudad. Esta zona de estación central está bastante alejada de San Marcos y de otras atracciones turísticas de la ciudad, pero en si es una zona de atracción, los precios de las tiendas de recuerdos son mucho más baratos, yo diría que la mitad, lo mismo pasa con los restaurantes y hoteles, además es posible encontrar la venta de chucherías, puestos de frutas callejeras, helados, agua, refrescos, etc.
Esa mañana después de registrarnos en el hotel, en un edificio frente adonde se encontraba la recepción, en un cuarto piso sin ascensor y después de haber subido las maletas al hombro, partimos a la ciudad de Padua a un precio por pasaje de 8 euros.
Al llegar a Padua y salir de la estación de tren, es muy fácil ubicarse, solo se camina siguiendo el movimiento de personas hasta la zona más antigua de la ciudad, se llega entonces a una zona peatonal donde se camina todo recto a través de una calle empedrada, adornada con tarros y flores en un lindo paseo que mirando vitrinas, iglesias y alguna que otra escultura de la calle se toma una media hora, hasta llegar a la plaza Prato de Valle, una enorme plaza bordeada con un canal de agua iluminado por lámparas y rodeado de estatuas de personas ilustres de la ciudad, el sol nos quemaba muy fuerte pero con todo y eso nos hicimos unas preciosísimas fotos de la plaza. Una anécdota es que se nos acercó una hermosa gitana a meternos conversación y de inmediato un señor italiano que hablaba un buen español se acercó a nosotros y le dijo algo a la gitana para que se fuera, nos dijo que tengamos cuidado que las gitanas son ladronas y que mientras hablan con la gente van abriendo las carteras para robarles, luego nos dio algunas indicaciones de los lugares a visitar y nos indicó el camino de la basílica de San Antonio. Agradecidos de su gran ayuda partimos hacia la basílica serpenteando callejuelas por unos cinco minutos hasta llegar a la hermosa fachada de la iglesia de San Antonio de Padua. Aclaro que esta iglesia tiene una arquitectura completamente diferente a todas las de Italia, tirando más al estilo que hemos visto en ciudades de España como Sevilla.
En su interior la iglesia tiene una decoración de santos y pinturas de pintores famosos, las columnas decoradas y las paredes con preciosos vitrales adornados con santos y acontecimientos bíblicos. La verdad es la mejor iglesia en su interior que hemos visitado en todo el viaje por este país, dando una puntuación del uno al diez yo diría que su interior se lleva un 10 y su exterior se lleva un 8.5.
Las demás iglesias y catedrales que hemos visitado se llevan por lo general un 9 en su exterior y un 2 de 10 en su interior.
La verdad que la visita de Padua es de tan solo una mañana o una tarde, seguimos caminando y visitamos un par de iglesias adicionales, museo ninguno, un parque y de vuelta a la estación con destino a Venecia.

MILAN
Nos despedimos de Venecia haciéndonos una última foto en frente de la estación central con vista al canal y a la iglesia del otro lado del río, la mañana estaba gris con una ligera llovizna que entristeció más nuestra partida de la ciudad.
El pasaje Venecia-Milán nos costó unos 70 euros en segunda clase en un trayecto de menos de dos horas y media.
En Milán yo había tanteado varios hoteles en cuanto a calidad y precio y todos estaban carísimos, preludio de lo que nos esperaba en cuanto a los costos de esta ciudad. Pudimos encontrar habitación en el hotel Fenice al precio de 125 euros por noche, desayuno bastante completo y variado, habitación pequeña pero con un buen tv de canales todos en italiano y ninguno en español. Este hotel estaba situado en una zona no muy céntrica pero tenía enfrente una parada de metro que nos vino bastante bien.
La estación central de Milán es enorme y muy bella, con tiendas, máquinas expendedoras de billetes suficientes, pero por más que buscamos y preguntamos y leímos en las guías de viaje nunca encontramos la oficina de información turística.

La primera visita obligada de la ciudad es la catedral de Milán, una despampanante construcción de estilo gótico, de mármol blanco, con infinidad de adornos que acuerdan la catedral de Colonia y la plaza de la catedral repleta de africanos e hindúes molestando a la gente vendiendo todo tipo de cosas inútiles a precios desorbitados. Hacerse una foto en esta plaza es un poco dificultoso debido al mar de gente que tiene a todas horas y a la impertinencia de los africanos que se te meten delante de la cámara y te llevas un bonito recuerdo de uno de estos tipos.
El interior de la catedral está precedido por un fuerte chequeo militar y máquinas de rayos x, que luego que lo pasas te encuentras con un oscuro local lleno de columnas y algunas estatuas y pinturas con muy poco interés artístico. Mi calificación para el interior es de 3/10, así que si quieren pueden saltarse esta parte de la visita. Una visita que se propone es el techo de la catedral con un restaurante y vistas a toda la ciudad, pero el ascensor que da acceso para esto está siempre congestionado, yo en una anterior visita hice la visita del techo este y la verdad que no es la gran cosa.

Al lado de la plaza de la catedral se encuentra el centro comercial La Scala, compuesto por cuatro edificios en cuya cuatro esquinas se hizo un techo interior de vidrio y se repusieron los pisos de la calles interior dándole a la plaza una vistas hermosas con un glamour pocas veces visto en la historia de la arquitectura. Las tiendas todas de marcas de lujo de esas marcas que solo utilizan los ricos y aquellos muertos de hambre que les gusta aparentar lo que no son.

Inolvidable fue para mí la visita al espléndido museo Pinacoteca di Brera, lo dificultoso fue llegar hasta él por la falta de señalización de la zona donde se encuentra, fuimos el domingo 5 de octubre, por coincidencia es este día el primer domingo de cada mes la entrada al museo es gratis, el museo por ende estaba repleto de gente y fue una visita maravillosa por la inmensa cantidad de obras que posee, esculturas maravillosas, colecciones de arte oriental y un poco de todo, la verdad lo mejor de Milán.
También visitamos el Museo de Arte Moderno no tan basto como el museo de Brera pero a un precio de 5 euros se disfruta de una bonita colección de pinturas y esculturas, el museo está frente al museo de historia natural por si gustan visitarlo también, yo debido al cansancio y la edad me lo perdí, pues esto de mirar insectos e imitación de huesos de dinosaurios ya lo tengo muy visto.
Otra de las visitas obligadas de Milán es el castillo de la ciudad, el nombre no lo reproduzco por aquí por lo complicado de su pronunciación y escritura. Este enorme castillo alberga unos 4 museos en su interior, con obras de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci y otros escritores famosos. La visita del castillo más el jardín que lo rodea y toda la zona fácilmente le lleva a uno el día completo.

Sin embargo caminando por la ciudad y algunas de sus hermosas calles peatonales, al llegar a la Porta Nuova , nos encontramos con el centro comercial di Porta Nuova, un moderno complejo de edificios y tiendas con decoración modernista casi siempre en vidrio, con una bonita plaza en el centro al aire libre, bajo la sombra de los edificios, al lado de la fuente pusieron banquetas de plástico reclinable donde se sientan las personas a comerse un helado o simplemente a mirar el panorama como hicimos nosotros, nos relajamos, descansamos, comimos un rico plato de pasta en uno de sus restaurantes, hojeamos libros en una librería, hicimos muchísimas fotos y luego ya cansados nos fuimos al hotel en metro. Este día fue bastante positivo en el sentido de la satisfacción que nos llevamos.

Alrededor de Milán hay muchas visitas que pueden hacerse, una de ellas es el Lago di Como, al que fuimos en tren en un trayecto de unos 40 minutos. Estación de trenes de la ciudad de Como está a unos 150 metros del puerto donde se toman los barcos que parten a las distintas ciudades del lago, este lago con forma de y griega, tiene en su entorno una veintena de ciudades y pueblitos pintorescos que bien vale la pena visitar, el más bello de ellos es Bellagio, al que no pudimos ir porque se encuentra al otro extremo del lago y estábamos algo escasos de tiempo, pues teníamos tren de regreso a las 5 de la tarde.
Sacamos tiempo para caminar un poco por la ciudad de cómo y hacer unas cuantas fotos, luego fuimos al puerto y compramos una excursión que lleva a los turistas por unos 5 pueblos del lago parándose en cada uno de ellos a montar y desmontar pasajeros, nos quedamos en una par de ellos a hacer fotos y en otro a comer a esos de las 2 de la tarde, donde comimos ricos platos de pasta, sándwich, vino, helados y postre a un coste por persona de menos de 10 euros, una ganga en comparación con los precios de Milán donde es imposible comer por menos de 18 euros por persona.
Resumiendo si van a Milán no dejar de ir a Como en una visita de por lo menos un día.

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