El Castillo de Villebon es una fortaleza del siglo XIV que fue propiedad del famoso Duque de Sully.
Pero, además de toda su anterior historia medieval, guarda una historia realmente sorprendente relacionada con la Segunda Guerra Mundial.
En 1940, cuando la ciudad de Chartres estaba amenazada por los bombardeos y su aeródromo tenía una gran importancia militar para los alemanes, Pierre de la Raudière, propietario del castillo en aquel momento, tuvo la iniciativa de ofrecer Villebon para proteger parte del patrimonio de Chartres: las colecciones del museo, sus tapices históricos y los archivos municipales y del hospital.
Pierre de la Raudière.
Por desgracia, no todo pudo salvarse. Algunos incunables de gran valor, que habían sido devueltos a la biblioteca poco antes, acabaron destruidos durante el bombardeo de la plaza de Halles.
Pero guardar todo aquel patrimonio en Villebon acabó teniendo también un efecto inesperado: proteger el propio castillo. Los alemanes emitieron una orden oficial que prohibía ocupar el edificio con tropas o requisarlo para uso militar, y lo clasificaron como Monumento de Arte. Esta protección fue renovada en mayo de 1944 por la Feldkommandantur de Chartres.
Y aquí es donde la historia se vuelve todavía más interesante. Mientras el castillo parecía simplemente un lugar donde se protegían obras de arte, en realidad también era un punto de apoyo de la Resistencia.
1943 - 1944 Aquí residió el coronel P.M. del ejército polaco dirigente de las redes F1 y F2 desde una torre del castillo informó a Londres sobre las defensas alemanas de las costas normandas hasta finales de mayo de 1944.
En Villebon vivía un hombre llamado Méranville, que oficialmente era un archivero encargado de catalogar documentos. En realidad, era un diplomático polaco que trabajaba para el Intelligence Service británico. Había llegado al castillo gracias a un sobrino de Pierre de la Raudière, que ocupaba un alto cargo en los servicios secretos.
Su misión era recopilar información sobre las defensas alemanas de la costa normanda y enviarla a Londres durante los meses anteriores al desembarco aliado. Méranville se arriesgaba continuamente. Viajaba a París para reunirse con otros agentes y recoger información y, al regresar a Villebon, utilizaba la radio para transmitir sus informes al otro lado del canal de la Mancha.
Los métodos que utilizaban también son sorprendentes. Al principio, los documentos se transportaban escondidos dentro de cajas de huevos crudos. Más adelante perfeccionaron el sistema: los informes se fotografiaban y los microfilmes se escondían dentro de cajas que contenían también películas pornográficas ya reveladas. La idea era que, si los alemanes registraban el transporte, se distrajeran con las películas y dejaran pasar el resto.
Amaury de la Raudière (1931-2012), hijo de Pierre, recordaba a aquel hombre metódico que pasaba horas clasificando mapas y documentos procedentes de Normandía sobre una gran mesa. Lo hacía en una habitación escondida detrás de un gran tapiz, que servía como biblioteca y también como centro de operaciones.
Mientras tanto, Pierre de la Raudière, además de propietario, era alcalde de Villebon y también colaboraba con la Resistencia desde su posición. Ignoraba las exigencias alemanas de censar a los hombres para el STO, el Servicio de Trabajo Obligatorio, e incluso preparaba certificados falsos para conseguir que algunos vecinos pudieran quedarse. Uno de ellos fue Michel Riaussé, a quien nombró oficialmente responsable de las colecciones del castillo.
La confianza de los habitantes de Villebon hacia Pierre era tal que incluso le prepararon un escondite secreto, por si algún día necesitaba desaparecer rápidamente.
Méranville abandonó el castillo unas semanas antes del D-Day, pero todavía tuvo un último gesto que dice mucho de él. La víspera del desembarco envió un emisario a Villebon con un ramo de flores para Gabrielle, la esposa de Pierre, y con la noticia del inminente desembarco aliado. Después de aquello, nunca volvieron a saber de Méranville.
Gabrielle de la Raudière.
Y entonces llega una de las partes más duras de esta historia. El 9 de junio de 1944, apenas tres días después del desembarco, unos 150 soldados alemanes rodearon el castillo buscando armas. No encontraron nada y estaban a punto de marcharse cuando el jefe del destacamento, un tal Krentzer, intentó estrechar la mano de Gabrielle de la Raudière. Ella se negó. El oficial se enfadó y ordenó detenerla inmediatamente. Gabrielle fue llevada primero a la prisión militar de Chartres y después a Orleans. Aunque aquel incidente fue el detonante de su detención, finalmente también fue acusada de propaganda anti-alemana.
En julio de 1944 fue deportada al campo de concentración de Ravensbrück. Gabrielle consiguió sobrevivir y regresar a casa, pero las consecuencias de su cautiverio fueron terribles. Murió cinco años después. Su nombre está inscrito en el monumento a los caídos de su comuna con la mención «Morte pour la France».
La liberación de Villebon llegó el 14 de agosto de 1944. Amaury, que entonces tenía 13 años, recordaba perfectamente aquellos días: la llegada de los estadounidenses, un combate aéreo sobre el propio castillo y, al día siguiente, los soldados franceses izando la bandera en las torres.
Y todavía queda un último capítulo que me ha parecido especialmente emocionante. En 1947, el general Charles de Gaulle estaba viajando por la región y buscaba un lugar tranquilo donde pasar la noche. Se detuvo en Villebon y, como homenaje a Gabrielle y al sacrificio de toda la familia durante la guerra, entregó a su marido la Cruz de Lorena que llevaba en su propio uniforme. Esa cruz todavía se puede contemplar hoy en una de las galerías del castillo.
https://maps.app.goo.gl/FxsTBojKi9HLA3Ju5
Castillo de Villebon ![]()













