Recife es una ciudad impactante, desde todos los niveles. En 2018, fui a hacer un voluntariado con una organización que me proveía el hospedaje en una casa de familia y me garantizaba algunas comidas dentro de una ONG en las que tendría que trabajar unas semanas para completar el voluntariado. La verdad es que cuando me inscribí mucho no sabía sobre esta ciudad, ni su cultura, idiomas o costumbres. Cuando llegué, el impacto fue grande, bajé del avión y me esperaban unos chicos voluntarios de la organización en la que me inscribí y al igual que a mí, también esperaban a otros jóvenes que iban desde diferentes provincias de Argentina. Esperamos unos minutos, prácticamente sin hablar, ya que ellos eran algo tímidos y al parecer tampoco entendían mi precario portugués improvisado.
Como no tenía familia asignada aún, me enviaron provisoriamente a un hostel, “Piratas da praia” en Boa Viagem, un lugar muy lindo, cabe aclarar, con gente de todos lados y una vibra que realmente contagiaba y te hacía sentir de vacaciones y en Brasil, al menos el Brasil que los turistas imaginamos o anhelamos ver. A dos cuadras del mar, en una zona muy interesante, hicimos buenas relaciones entre voluntarios, viajeros, empleados y dueño inclusive. Pasé 10 lindos días, de playa, bailes en la playa y salidas a diferentes lugares. Conocimos lo más importante de Recife y alrededores, incluyendo Porto de Galinhas, Praia dos Carneiros, Maragogy y varias playas hermosas más. Se podría decir que hasta Navidad fueron totales vacaciones, ya que las ONGs cerraron sus actividades por las fiestas, así que tenía tiempo libre completo.
El año nuevo en la playa, con bandas en vivo y gratuito, shows de fuegos artificiales y festejos por todos lados fue algo increíble que repetiría en cuanto pudiera. Sin embargo, a pesar de que la ciudad ofrece todo esto, no es la única realidad y a medida que se la recorre, uno va descubriendo otros mundos y otras historias que exceden bastante a la vida turística y el encanto caribeño (por su parecido con el caribe), pero que sin embargo no le restan atractivo…
Si bien las personas son hermosas, amables y muy atentas hay algunos factores a los que tardé mucho en acostumbrarme e incluso entender. Antes que nada, las distancias, muy diferentes a mi ciudad natal, Córdoba, en la que en pocos minutos sin llegar a una hora, se puede ir hasta el otro extremo, en Recife, por el contrario, todo es lejos, los trasbordos son difíciles de entender y la apariencia en sí misma de la ciudad genera cierto grado de inseguridad que hasta hoy dudo si realmente es mayor a otros sitios. Todos me aconsejaban no sacar el celular en la calle, no andar de noche, no caminar por ciertas zonas, pero desde mi perspectiva, nunca sentí miedo concreto, tal vez si señales de atención para tener ciudado o estar atenta pero por suerte no vivencié ninguna situación que me pusiera en peligro extremo. Como en todo lugar, es importante tener ciertas consideraciones, por ejemplo un paquete de datos con roaming, o un chip del lugar con crédito para usar internet, maps y mensajerías que te mantengan comunicado, por otro lado, aprender las palabras o expresiones cotidianas que permitan comunicarse con las personas del lugar, ya que la dificultad de comprensión es muy alta, dada la lejanía con zonas limítrofes en donde al menos están acostumbrados al acento extranjero, y claro, estar atento a no llamar demasiado la atención siendo turista para evitar momentos incómodos. Si bien no se está excento de los imponderables que puedan surgir, son cosas a tener en cuenta.
Volviendo al impacto, que con un poco de conocimiento, acerca de la historia del lugar, sus orígenes, sus habitantes e incluso su geografía, habitándola y vivenciándola, se entiende y que yo particularmente más tarde comprendí mejor, podría decir que una de las cosas que más llamó mi atención siempre, fue el contraste de la ciudad, sus shoppings bien potentes al lado de favelas o sitios extramadamente precarios, desprovistos de todo lo necesario para vivir de un modo realmente digno, o los barrios de clase media/alta con favelas intercaladas, los vendedores ambulantes de todos los tipos y productos por todos lados entrecruzándose sin parar por las pequeñas ruas (calles) que parecen un hormiguero de tantas personas que las transitan y las diferentes tiendas o lojas como se dice allá tan variadas.
Entiendo que dada la magnitud de la ciudad y sus ciudades vecinas, cada zona tenga sus propios centros o barrios donde la gente se mueve pero hablando del centro comercial específicamente, realmente para los amantes de la fotografía o la antropología, por decirlo de algún modo, es un destino obligado, que por tumultuoso que se vea, provee rincones, situaciones y detalles muy interesantes a observar y por qué no, registrar. Voy a detenerme puntualmente en los alrededores del Cais Santa Rita o el Merado Sao José, dos lugares importantes debido a que uno es una estación de omnibus y el otro un mercado popular rodeado de miles de tiendas en las que se puede conseguir de todo. Fui varas veces, tengo que aclarar que viví primero 3 meses y al año siguiente otros 4, por lo que en cierta forma estuve en ventaja respecto a otros turistas, sin embargo, era un destino al que me gustaba mucho ir. Siempre me perdía pero supongo que por la predisposición geográfica, siempre volvía a encontrar los lugares a los que quería llegar.
Otro dato, que no debo omitir, es que si, realmente me llevó tiempo entender y aceptar las costumbres del lugar, sus tiempos, su organización e incluso su cultura, y por dificil que me sea aceptarlo, no fue hasta bastante tiempo después que comencé a apreciar la belleza de un cultura que a pesar de ser vecina, difiere mucho en el nordeste de nuestra forma de vida en Argentina, o mejor dicho en el centro del país.
Otro detalle interesante que para los turistas estimo es atractivo pero para los locales que no aman los festejos se torna tedioso, son los festejos callejeros de carnaval, que si bien duran unos 4 días puntuales, se empieza a vibrar desde dos meses antes, sumados a las otras fiestas populares que ocurren a lo largo de todo el año, pero que en magnitud no superan a la concurrencia de Carnaval. Se puede decir que la ciudad a diario es una cosa y en Carnaval otra totalmente, sin hablar de Olinda que es la sede predilecta y que merece dos visitas separadas porque es irreconocible durante el festejo. Mencioné estas fiestas callejeras porque son uno de los motivos que no solo caracterizan a Recife, sino que también mueven y proveen gran parte del trabajo en la ciudad y alrededores y, que generan un gran impacto en su arquitectura y patrimonio, que se ve reflejado en el deterioro de este centro comercial.
Podría hablar muchísimo más, pero voy a cerrar para no extenderme demasiado diciendo que Recife es una hermosa ciudad, para todos los tipos de turismo, para todos los tipos de viajeros y para todo tipo de experiencia, lo importante es ir sin prejuicios (como a cualquier lado), con la mente abierta y dispuesta a dejarse sorprender y con las ganas de experimentar nuevas vivencias, experiencias y enriquecerse con todo lo que la cultura nordestina puede proveer, desde su culinaria, sus músicas y danzas, hasta sus costumbres cotidianas y destinos paradisíacos en cada paso que se transita.
Dejo algunos lugares que no deberían dejar de conocer si dan una vuelta por allá:
-Playa Dos Carneiros
-Porto de Galinhas y Muro Alto
-Recife Antiguo
-Olinda
-Mercado Sao José
-Mercado de Boa Vista (los sábados, revisar calendario)
-Paço do Frevo
-Playa Calhetas y Gaibú
-Praia de Boa Viagem
Enlaces de videos que hicimos con mi pareja:
Sobre Recife
qXE8 https://www.youtube.com/watch?v=IKq5JNvmACk&t=4s
Videoclip
https://www.youtube.com/watch?v=xZ_ngE-
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