Queridos compañeros y compañeras:
Me comprometí con mi admirada @Jesi a que, cuando llegara San Isidro, escribiría un poco más sobre nuestras costumbres, concretamente de los atuendos. Pues bien, ya está aquí el 15 de mayo. Así que, allá va.
LO PRIMERO QUE QUIERO TRANSMITIROS ES EL CARÁCTER ABIERTO DE MADRID
Madrid es un lugar que, desde su fundación como ciudadela árabe, está formado por personas que vienen de sitios muy dispares, y todos somos madrileños por igual. Nadie se siente forastero al llegar aquí, y no es de extrañar. Ahí van algunos ejemplos que lo pueden explicar:
- La leyenda dice que el primero que fijó un asentamiento era de Mantua (Mantova, Italia).
- Hasta que Ocno Bianor llegó, los lugareños dispersos eran llamados carpetanos (personas sin tierra). ¡Ni los primeros madrileños eran de aquí!
- Muchos de nuestros dulces más auténticos, como el pestiño, son pura repostería árabe.
- Nuestro festival flamenco –la música de Andalucía por excelencia- es de los más famosos del mundo.
- Cuando en 1561 Felipe II nombró a a Madrid capital de España, los madrileños fueron “invitados” a habilitar espacios en sus casas para acoger a una infinidad de trasladados que venían desde Toledo. Y así hicieron, cada uno dentro de sus posibilidades: unos a ministros, otros a trabajadores más humildes. Hasta el mismo rey quedó admirado de la hospitalidad de los “gatos y gatas” (que así nos llaman).
- Y hablando de reyes, apenas echaron aquí raíces las monarquías de linaje ibérico, como los Trastámara. Sí lo hicieron los de otras dinastías centroeuropeas, como los Austria o los Borbones.
Pero la palma -no hay duda- se la lleva nuestro baile tradicional, el chotis, que procede de Bohemia (República Checa)… aunque antes de llegar a Madrid, ¡no os lo perdáis!, se transforma en otra danza centroeuropea y lleva un nombre alemán (schottisch), que le pusieron los austriacos, con referencias a Escocia. Y para bailarlo, el toque filipino: imprescindible un mantón de Manila… que salían de allí, sí… pero traídos de China, para luego coser los flecos en México. ¡Supéralo! ![]()
Eso es lo más precioso de Madrid (otro día, si queréis, puedo hablaros de tantas calles y plazas que lo reflejan): apenas tiene algo propio-propio, más que la afamada acogida cordial de sus gentes, que han dado a nuestra ciudad su singular carácter, tan alegre. Ni siquiera las Fiestas de San Isidro son algo grandioso, como puedan ser las Fallas de Valencia, los Sanfermines de Pamplona, la Feria de Abril en Sevilla, etc. Para ser una capital, son bastante humildes; como nuestro patrón San Isidro, labrador.
Y VAMOS CON LOS COMPLEMENTOS: MANTÓN, PAÑUELO Y CLAVEL
El mantón de Manila
El mantón es vital para las chulapas, Nuestro traje “de manola” va ceñido desde los hombros hasta bien abajo de las piernas; todo lo que puedas (algunas virtuosas de los andares, hasta las rodillas). Vamos, que te quede el espacio justo para poder caminar; y bailar el chotis, claro, ¡faltaría más!. Este hermoso lienzo de flores, sirve para tapar… y destapar. Con ese movimiento de los flecos, muchos quedan como hipnotizados por los andares de la mujer… sin -ejem- ver la anatomía que provoca el contoneo.
Los mantones “fetén” son enormes y con bordados que pesan “un quintal”. Las que tenemos la suerte de haber heredado uno, presumimos de doblarlo “en cuadrado” (en dos rectángulos), y no en pico: si lo doblas en diagonal, lo arrastras a base de bien, aunque seas “un varal” (mujer muy alta y estilizada).
Y es que por mucho sol que haga, en La Pradera de San Isidro –misterio- siempre hay charcos. Con el ir y venir de chulapos y manolas, el barro está asegurado. Un clásico. El año que viene me saco una foto de los zapatos al llegar a casa (ojalá). ![]()
El pañuelo.
Como dicen los calés (muy numerosos en Madrid, SU ciudad), qué fatiguita. El pañuelo no va anudado atrás –como el de gallegas o asturianas- que es más favorecedor. La chulapa se lo ajusta por delante, con lo que tampoco te queda el recurso embellecedor del pelo ni de los pendientes. Un dolor. ![]()
Tan pegadito va a la cara, que como no te pongas algo por encima de la frente, pareces la vieja doña Rogelia recién llegada de ordeñar las cabras, aunque seas la madrileña más reguapa de Lavapiés o de Chamberí (los dos barrios más castizos; por cierto, el nombre del primero proviene de los ritos de purificación musulmanes; el segundo, genuinamente francés).
Menos mal que es primavera y hay flores por todos los lados. Hazte un moño bien alto, para que el pañuelo haga “caja” arriba, y plántatelas. Pero ¡ojo!, no vale cualquier flor.
El clavel
Los madrileños de pro no somos gente de gustos caros. Es más, nuestras fiestas populares son propias de gente sencilla, con una economía más bien austera.
Aquí se impone nuestro clavel, con su imbatible relación calidad/precio. Como lo diría una castiza: “me ha costado cuatro perras, pero mira qué pintona”.
Así que elegimos siempre el clavel; mejor dicho, “los”, porque hay que llevar dos o tres. Tradicionalmente:
- Claveles rojos, las casadas.
- Claveles blancos, las solteras.
Y, hoy en día, no tienes por qué andar anunciando tu estado civil. Así que ponte los que te parezca conveniente y te veas divina. Bastante tienes ya con el dichoso pañuelito anudado a la cara. En confinamiento, mi madre, Mary, y yo hemos encontrado las flores de papel de las fotografías, que se parecen bastante. Tenemos fuera flores naturales, pero somos las dos puristas: la rosa será todo lo bella que quieras, pero nuestra casta venera al clavel. Por San Isidro, las rosas para el jarrón.
Y así hemos celebrado en casa este luminoso 15 de mayo: vestidas (¡no disfrazadas, por favor os lo pido!) de chulapas; cantando chotis y bailando en el patio desde primera hora.
→ Aquí mi video en YouTube, cantando un chotis de 20 segundos en este soleado día de San Isidro
Las rosquillas originales, solo eran listas y tontas. La de Santa Clara y Alcalá llegaron después.
Y con el café, rosquillas; solo las clásicas: listas, tontas y de Santa Clara (sí, las de las monjas a las que hay que llevarles huevos para que no llueva en las bodas).
Acabo de escribir la frase anterior y se ha puesto a diluviar. No me lo puedo creer. ¿Un regalo para los agricultores, cuyo patrón es San Isidro también! Seguro que ya hay charcos en La Pradera. Pisadas no, claro; o sea que lo que no se habrá formado es barro.
Me miro a los pies: zapatos limpios, porque estoy en casa; el alma y la conciencia limpias, porque estoy en casa.
¡Viva San Isidro, también en confinamiento!
Nota para** @AlejandraMaria **:recuerda que, para cuando podamos viajar libremente, nos debes tu foto con el traje de chulapa.
Nota para los puristas y para Esther Rodríguez Merino (que me apodó Dámaso): sé que “san” y “santa” se deben escribir con minúscula, pero al ser un nombre propio el de la fiesta de San Isidro, me quedaba fatal andar poniendo unas sí y otras no.
Gracias a mamá y a mi hermana @MamenPerera por su ayuda con las fotos.









