LA INDIA VISTA POR UN DOMINICANO, PARTE 1

Antes de entrar en materia quiero decir lo siguiente sin ánimo de ofender:

La mayoría de los blogueros de viajes escriben sobre lugares que nunca han visitado, solo para ofrecer al pie del blog un enlace con la compra de un bien y servicio.

En ningún caso voy a recomendarles ningún seguro de viaje, hotel, restaurant o línea aérea.

A mí no tienen que darme likes, ni suscribirse a mi canal ni nada que se le parezca.

No espero sus agradecimientos.

Todo lo aquí escrito obedece al interés de aportar información verídica y sin maquillar.

El espíritu de todo viaje consiste en experimentar por uno mismo, con nuestros propios sentidos, los colores, olores, sabores, cultura, historia y modo de vida de sus gentes. Llaman la atención principalmente aquellas culturas extrañas y diferentes al entorno donde uno vive, personas que comen cosas diferentes a las nuestras, que visten diferentes, adoran a otros dioses y hasta hacen el amor de forma diferente.

Con todo eso en mente, ocho meses antes de iniciado el viaje, comencé a leer guiar de viaje, relatos de viajes, prensa e historia sobre la India. El viajero que gusta de la aventura pero con el conocimiento de las cosas, tiene el deber de documentarse y saber en que se está metiendo. Por eso sumaron cientos y cientos las páginas leídas por mi antes de aventurarme en este invento de coger para la India por cuenta propia, es decir de mochilero, sin la ayuda de ninguna agencia de viajes.

Durante este tiempo de 8 meses de preparativos, escribí unas 25 veces a la embajada de la India de Madrid sobre el tiempo de duración entre la solicitud y la aprobación y entrega del visado de viaje. Como respuesta, solo obtuve el silencio, con lo que empezaba a preguntarme sobre la calidad organizativa de este país.

Tenía que hacerlo así por la sencilla razón de que en Republica Dominicana no tenemos consulado de India. En este sentido, partimos a Madrid por la sola intención de hacer los trámites de visado para viajar a la India, lo cual tardó aproximadamente una semana. Para los que tengan interés, en la dirección www.indiamembassy.com pueden descargar el formulario de solicitud de visado y los requisitos necesarios para el mismo.

La permanencia de una semana en Madrid, nos sirvió para visitar algunas salas de teatro, cines y museos, que ya conocíamos, pero que dado su constante renovación, siempre presentan al espectador un renovado interés.

Una vez obtenidos nuestros visados, y armados de coraje, nos lanzamos a nuestra aventura hacia ese exótico país. La trayectoria de vuelo fue la siguiente;

Santo Domingo-Madrid, 8 horas

Madrid-Paris, 2 horas

Paris-Nueva Delhi, 8 horas

Todo eso más las horas de espera, chequeo y demás sumarían unas 6 horas, para un total de 24 horas de trajín por lo que la ruta más cómoda es volar de América a Europa, descansar unos días y seguir a oriente por una de las tantas líneas aéreas que llegan a Nueva Delhi.

Tras un vuelo abarrotado de gente, en clase económica, con niños llorando incluido, y un señor hindú sentado detrás nuestro que no paró de hablar durante las 8 horas de vuelo, llegamos a Delhi a esos de las 12 de la noche. Me dirigí de inmediato a los taxis autorizados los cuales dan un servicio prepagado con seguridad e incluso se puede regatear un leve descuento. Vemos como existían varias compañías de taxis cuyos empleados nos hacían señas, llamándonos para ofrecernos sus servicios. Yo para este tipo de cosas acostumbro a enfrentarlos unos a otros hasta que alguien se digna a darme el mejor precio, pero el cansancio no me daba energía para mucho, por lo que opté por coger la primera oferta que fue de unos 350 rupias.

He leído los relatos de otros viajeros sobre la primera impresión que produce en uno entrar al país por Nueva Delhi. La mayoría coincide en que es decepcionante y que luego de unos días a uno empieza a gustarle; pero esto es totalmente falso. Llegamos a esta ciudad a media noche, con un calor sofocante, y lo que veo es lo siguiente, tráfico ruidoso, calles sucias y polvorientas, desorden, ruidos, bocinas, caos, gente durmiendo en la calle, no uno ni dos, sinó varios cientos. Todo este desorden es así todos los dias y todo el tiempo y en todas las ciudades, claro que, las ciudades pequeñas tienen en caos en menor proporción.

No había reservado el hotel, pero me registraron sin problema. En el hotel Ajanta de la Calle Arakasham Road, New Delhi, quien se hace llamar a si mismo de tres estrellas, es de mas o menos una estrella. El hotel tiene todos los servicios, restaurante, ciber café; agencia de viajes, reservación de billetes de tren, autobús, taxi, etc.

No sé porque pero los hoteles de esta parte del mundo tienen el mal gusto de pedir el pasaporte a los huéspedes y sacarle copia, además dentro de las formalidades te hacen firmar un libro de visitantes indicando nombre, dirección, teléfono además de estampar tu firma, entre otras cosas.

Este hotel lo había yo ubicado por Internet, pero no hice la reservación por el miedo que me provoca dar mi tarjeta de crédito a través de la web.

La habitación estaba algo deteriorada y polvorienta pero era amplia y nos permitía movernos con cierta holgura. Al otro día no levantamos y salimos a caminar por los alrededores del hotel, previo al desayuno buffet que por 150 rupias por persona nos atragantamos deprisa, el desayuno consistía en nuevos fritos, huevos revueltos, mantequilla mermelada, pan, fruta y jugo de fruta.

Inmediatamente bajamos de la habitación se nos acercó una señora gorda, con una sonrisa de oreja a oreja, dándonos la bienvenida y preguntando que cuales eran nuestros planes, y ofreciéndonos los servicios de excursiones, le dije que estaba cansado, que luego hablaremos, insistió, le digo que no tengo planes, que me gusta no tener planes, insistió, que me de tiempo a desayunar, insistió, no tuve más remedio que dejarle la palabra en la boca, dar la espalda e irme a desayunar.

A los 20 segundos de pasear las polvorientas calles de Delhi, se me acerca un limpiabotas, el cual me persiguió y acoso durante una hora y por varios kilómetros, hasta que tuve que hablarle duro, y amenazarlo con llamar a la policía si no me dejaba en paz.

El extranjero no puede caminar por las calles de la India, el acoso de vendedores, motoneteros, bicicleteros, mendigos, taxistas, guías turísticos y otros, es constante y son incansables. Esta situación es por igual en todas las ciudades.

Usted puede usar cualquier estrategia y todo será inútil, puede responder con el silencio ante sus numerosas ofertas, puede decir “no gracias” luego, ahora no, vete, no me jodas, piérdete y todo será inútil, la solución ante este problema es tomar un avión, irse de la India y no volver jamás.

El asedio y el acoso al viajero es tan grande que finalmente me hizo recortar mi viaje 15 días antes de lo previsto.

El acoso al viajero, el tránsito imprudente, temerario, ruidoso, el olor a orina y a mierda, el sucio, el calor y el polvo hacen de la India el destino más difícil de visitar de todo el planeta.

Caminando por las calles observo que los bazares venden todo tipo de mercancías primarias, es decir, frutas, verduras, especias, sedas, sombreros, peines, gafas de sol, galletas, jabón, etc., pero todo cubierto de polvo. Las calles son estrechas, con tumultos de gentes, vacas, monos, perros mierda de perro, y de vacas por donde quiera y frituras, no veo restaurantes ni supermercados en ninguna parte, como comercio accidental solo se ven algunas panaderías y reposterías.

Las frutas y vegetales como el banano, zanahoria, berenjena, apio, tomates, etc., son de tamaño pequeño y aspecto raquíticos, se ve que no se utilizan fertilizantes en la agricultura. Las frutas y víveres de ese tamaño, se acostumbra dar de comer a los cerdos en mi país.

Los taxis en la India, son de tamaño pequeño, de marca Tata, de producción India, los pocos vehículos privados que se ven, son en su mayoría Tata.

Cobran por trayecto unas 100 rupias mientras que las motonetas cobran unos 50.

Las callejuelas de la ciudad vieja, son un hervidero de gente que viene y vá, son estrechas e intransitables por vehículo alguno, pero siempre hay espacio para las deambunlates reses que riegan su mierda por donde quiera.

Todos se quedan mirándonos sin el menor rubor, los niños tiran piedras a Fifa, mi esposa, ella es rubia, alta y llama mucho la atención por ser tan diferente a como son ellos.

Miro al interior de algunas casas, y veo en la sala dos colchonetas tiradas al piso y una mesita de madera carcomida como ajuar único. En otras exploraciones visuales que hice, siempre ví lo mismo. Nunca vi electrodomésticos de los que usa el mundo moderno, ni nada por el estilo.

La pobreza que veo por todos lados desborda los límites de mi imaginación. Yo por ser de un país pobre, creí haberlo visto todo en materia de pobreza. Pero me quedé corto, porque esto no es pobreza, esta es la más absoluta y desgárrante miseria que jamás haya visto yo en mi vida, y en dimensiones como esta. Me atrevía yo afirmar, que el 99.5% de la población de la India, vive por debajo de la línea de pobreza. Dejando tan solo un 0.5% para pobres, clase media y alta. No se crean esos datos que publican organizaciones como el FMI, Banco Mundial, y las ONG. La mayoría de los informes se emiten falseados para tapar de cruda realidad que se vive en estos países.

En mi segundo día en la ciudad, contrato a través del mismo hotel, los servicios de un taxista para hacer el cititour por los monumentos de la ciudad. Lo llaman full day taxi, que me costó 600 rupias. Fuimos a visitar el Fuerte Rojo, la Puerta de la India, el palacio presidencial, el templo del loto y las mejores visitas que fueron Humayum tomb, Nizamuddin, Autb Minar y la tumba de Safar Jang. Son mausoleos y minaretes de arquitectura y estilo arabe, la mayoría usados en la antigüedad para el entierro de algun Rajah o sus familiares.

Estos monumentos son el reflejo de lo pujante y prospera que fue la India hace unos 1000 años atrás.

Situación de la Mujer

Caminando por las calles de las diferentes ciudades que visité observé la proliferación de hombres en relación a las mujeres en una proporción de 9 a 1, es decir, que de cada 10 personas en la calle, 9 son hombres y solo una mujer.

Escasamente se ven mujeres jóvenes por las calles. Las mujeres que se ven por la calle con edades que oscilan de 15 a 35, están acompañadas de sus esposos, de sus padres, hermanos o familiar cercano, siempre con el pelo cubierto.

Esta situación no es más que el reflejo del machismo de la sociedad hindú, tampoco se observan mujeres trabando.

En los bazares, hoteles, restaurantes, mercados, frituras, tiendas de vestir o de calzado en los centros comerciales, absolutamente todo, con un margen de 99.99%, el personal es masculino.

En la India, las mujeres no trabajan. Me permito generalizar, puesto que visité la capital y otras 6 ciudades importantes, y siempre constaté la misma situación, es posible que en Mombay, la ciudad más grande del país, y la más occidentalizada donde tienen la industria cinematográfica más prolifera y fértil del mundo, allá si trabajan las mujeres, aunque en pequeña escala. Esta ciudad, por ser un centro industrial y carecer de atractivo turístico e interés histórico, fue excluida de me itinerario desde la etapa de planificación.

Aun así ví mujeres trabajando en la industria de la construcción, en labores un tanto simples y pesadas para el sexo débil, específicamente en la construcción de caminos, cargando piedras y herramientas. El taxista que me conducía de Udhaipur a Ranakpur me comentó que los maridos que trabajan construcción se llevan a sus mujeres e hijas para que les ayuden, y también para tenerlas vigiladas.

Luego de agotadas las visitas de Nueva Delhi, ya cansado de tanta mugre y malos olores, compré mi billete de tren hacia Jaipur, llamada la ciudad rosa, por unas 430 rupias por persona, primera clase sin tumultos, en la ventanilla habilitada para turístas en la estación de tren. El trayecto dura unas 4 horas, saliendo a las 7 de la mañana.

La estación de tren de Delhi es como todo el país, gente durmiendo en el piso, usando su equipaje de almohada, seguramente esperando la partida o llegada de su tren. Las estaciones de tren son sucias, desordenadas, llenas de vendedores de agua, refrescos y frituras. Las estaciones tienen una pizarra electrónica con los horarios de salidas y llegadas, se anuncia además por altavoz, sobre la salida o llegada de los trenes en idioma hindú y en ingles.

Una peculiaridad de los indios, sobre todo los camareros y taxistas es el fuerte olor a sudor, de axilas o “grajo” como le decimos en mí país. Afirmo totalmente que el 80% de los Indios tiene un fuerte olor a sudor, que muchas veces principalmente en el caso de los taxistas, se hace insoportable. Fueron muchas las ocasiones en que tuvimos que abrir la ventanilla del auto, para dejar ventilar un poco nuestros pulmones y el ambiente del fuerte grajo de estos individuos.

Supongo que la adquisición de jabón y desodorante e un lujo para los pobres de este país, aunque afirmo que ellos se bañan, se nota por su piel y su pelo, y que no usan desodorante, que con el fuerte calor que hace en la India todo el año, se suda a chorros, produciendo el efecto del indeseable olor.

Durante el trayecto Delhi-Jaipur, vi un espectáculo que difícilmente pueda borrar de mi mente con el paso de los años. A la orilla de los rieles del ferrocarril se forman incansables e interminables a la vista, unos barrios pobres o chabolas o fabelas como lo llaman en algunos países, casuchas diminutas, levantadas con cualquier tipo de material: en lata, cartón, lonas, fundas plásticas, papel, tela, planchas de zinc, etc. pero el cuento no termina aquí, mirando por los cristales del tren, se ven a la orilla, hileras de personas cagando a la orilla del ferrocarril, ante la mirada curiosa, boca abierta y asombro de turistas, y la mirada indiferente de sus compatriotas indios. Las personas que se ven cagando son todos hombres, aplastados en cuclillas, se les ve como les cuelga su vergüenza mientras defecan o se ve la rumbita de mierda a los que cagan despaldas al ferrocarril. Me imagino que las mujeres hacen sus necesidades fisiológicas a puerta cerrada, en algún envase que luego salen al camino a tirarla de forma disimulada. Ruego al lector no reírse de las cosas que acaban de leer, no es para risa, al contrario debería movernos a una profunda reflexión sobre nuestras vidas las que muchas veces consideramos triste, miserable y juzgamos a dios injusto por el trato que nos da.

El viaje en primera clase incluye desayuno, el cual consta de un emparedado de tomate y queso, huevos y jugo de naranja, nada mal para la calidad de los servicios. El aire acondicionado del tren estuvo a una temperatura agradable, los baños sin papel, algo destartalados pero limpios y al estilo oriental, con la bacineta en el piso, y sin base de agua, para impedir el paso del mal olor.

En nueva Delhi abundan los locutorios o centros de llamadas donde usted puede entrar y llamar a cualquier parte del mundo, con solo marcar 00+ código de país, código de ciudad + teléfono. Una llamada de 5 minutos India –República Dominicana cuesta alrededor de 60 rupias, que al cambio de 45 por dólar, sería más o menos de US$1.25 por llamada. Este precio es unas 30 veces menor que en mi país, y unas 10 veces menor que en España.

Los Cyber café son una historia aparte, son abundantes y la velocidad de conexión es aceptable, muchos dan el servicio de grabado de fotos en CD y la mayoría de las computadoras tienen puerto USB para la conexión de cámaras digitales y aparatos de MP3.

Lo peculiar de los cyber café es que para utilizarlos te hacen mostrar un documento de identidad, debes llenar un libro indicando nombre, dirección, teléfono, nacionalidad y tu firma con la hora de entrada y salida del servicio. Este control solamente lo observé en Delhi, no así en otras ciudades como Jaipur, Udhaipur o Agra.

La aparente razón es que los terroristas han hecho uso en este país, de los cyber café para promover sus actos y hacer transferencias de fondos sin dejar rastro, eso unido al hecho de la cercanía con países anfitriones de terroristas, como Afganistán y Pakistan, y con tanto musulmanes y barbudos por las calles con cara de Bin Ladem, me parece que justifica la molestia del control mencionado.

Jaipur, la ciudad rosa

Una vez llegamos a la estación de tren de Jaipur, me dirigí a la oficina de información turística ubicada en la misma estación, para buscar la recomendación de algún hotel, información sobre los lugares a visitar excursiones y cualquier otro dato que me fuera útil. Muy amablemente fui recibido y el empleado me recomendó un hotel de unos 200 dólares por día, como le protesté, me recomendó otro de unos 120 dólares, le dije que me presentara una lista o algo así, a mi mente me vino la idea de que este empleado solo le oferta a los viajeros aquellos hoteles que le pagan buena comisión. Al darse cuenta de que yo no era un estúpido, entonces me recomendó un hotel de 30 dólares, me presentó un folletín con la foto del hotel y un mapa con su ubicación en relación a la ciudad y a los lugares de interés. Me llamó un taxi, el cual siempre en estos casos es gratis y lo paga el hotel. Echamos un vistazo al hotel, habitación amplia, limpia, restaurante, Internet, piscina, patio, cabina telefónica, etc, le doy en mi interior unas 2.5 estrellas y acepto registrarme, previo hacer copia de mi pasaporte y toda esa inútil burocracia, ya tengo habitación en Jaipur, la ciudad rosa.

Luego de una soporífera siesta, en la tarde decido dar una vuelta por los famosos bazares de la ciudad, pacto con un motorista el viaje hacia el bazar central por 40 rupias, el chofer se desmonta y me dice que por 200 rupias me da un cititour de 3 horas, que no le digo, insiste, digo que no, insiste y me desmonto y hago señas a otro, entonces me dice okey, okey, okey.

El motorista prende la maquinita de hablar y no calla en ningún momento, saca una carta en español y me pide que la lea, la carta se la enviaron unos turistas españoles en agradecimiento a sus buenos servicios, me pide que la lea, pero me niego, pues sucede, que leyendo el relato de otro viajero, le había pasado lo mismo, y el muy idiota contaba emocionado como el pobre taxista había guardado la carta durante tres años hasta haber encontrado alguien que hablara español e ingles y pudiera traducírsela, y el con lagrimas en los ojos de la emoción, contaba lo tierna y sincera que era la amistad de los ciudadanos de la india.

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