En la tienda IKEA de Arlon (Sterpenich), situada en la frontera entre Bélgica y Luxemburgo, se percibe una evidente disonancia entre la imagen pública que proyecta la marca y la realidad de sus infraestructuras interiores.
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Ikea Arlon ![]()
Mientras que en el exterior del establecimiento ondea la bandera LGTBI+ y un paso de cebra arcoíris sirve de bienvenida como claro símbolo de inclusión, diversidad y valores progresistas, en el interior de los aseos se mantiene una narrativa anclada en roles de género tradicionales.
Lavabos ![]()
La presencia de un cartel en el baño de mujeres que anuncia en francés «¡Práctico! ¡Un váter para mí y para mamá!», sumada a la ausencia de un mensaje o espacio equivalente en el baño de hombres, perpetúa la idea implícita de que la crianza y el cuidado de los hijos recaen exclusivamente sobre las mujeres.
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Esta omisión no solo invisibiliza a los padres que ejercen una paternidad activa en una región transfronteriza caracterizada por modelos sociales dinámicos, sino que entra en contradicción directa con el mensaje de diversidad que la empresa abandera en su fachada, el cual debería amparar a todo tipo de familias, incluidas las compuestas por dos padres. La inclusión real no puede limitarse a gestos simbólicos en el aparcamiento; debe reflejarse en la infraestructura cotidiana. Para mantener la coherencia de su discurso en Arlon, IKEA debería replicar esta señalización en los baños masculinos o bien adoptar un lenguaje más neutro e inclusivo para cualquier acompañante adulto.




