A principios de la guerra civil Española y con la ocupación y bombardeos franquistas de la retaguardia republicana, miles de personas se trasladaron a zonas alejadas del frente de guerra como era entonces Cataluña. Con el paso del tiempo y la constante llegada de más refugiados, la Generalitat de Cataluña creó en agosto de 1936 el Comitè Central d’Ajut als Refugiats encargado de gestionar su estancia. Entre los refugiados en Cataluña destacaron las familias andaluzas y vascas y las colonias de niños de Madrid y Aragón, como el caso de los niños de las monjas, en domicilios particulares y en diferentes masías en Besalú, procedentes de Gelsa (Zaragoza) ya desde el otoño de 1936. La Generalitat estableció que las poblaciones de acogida no podían recibir más de un 10% de la población censada. Besalú, con poco más de 1.200 habitantes acogió 122 niños, en el mes de septiembre de 1938, alojados en la Casa Cambó, en el antiguo convento abandonado. A pesar de la escasa situación económica de los ayuntamientos durante la guerra, la solidaridad permitió la atención al refugiado mediante alojamiento, ropa y calzado, manutención, escolarización y atención sanitaria, entre otros.
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