Sobre el Campo de Calatrava dormitan pueblos que se desangran en vida. Es un lugar, donde la fuerza de gravedad calza al tiempo con plúmbeas botas de barro e invita a los tejados a la caída libre, al vacío, al suicidio en el olvido.
El amarillo de poniente pringa de atardeceres los campos, las aguas, la flora y la fe de los mayores… Su luz materializa y espesa el aire. Ralentiza el vuelo elegante de las aves y el pálpito de las plantas.
Es el momento exacto, el lugar idóneo para que empiece o acabe una gran historia.

